“Pobre pero decente”: la pobreza y el estigma de puta

Vagos, maleantes, putas e inmigrantes

// por Albert Sales //

Rosa se quedó en la calle a los 39 años después de romper con su pareja. Al salir del hospital tras la enésima paliza decidió no volver a casa. Estuvo un par de semanas durmiendo en una pensión gastando el poco dinero que tenía y después buscó un rincón en un parque cercano a la Estación de Sants para dormir entre cartones aprovechando que clima primaveral. De esta primera etapa en la calle, que duró poco más de un mes tiene gravado en el recuerdo el miedo. Dormía más de día que de noche. De madrugada, cualquier persona que atravesara el parque le parecía una amenaza. Durante el día, las miradas de la gente que pasaba atareada y con prisas por delante de los diferentes lugares en los que se sentaba a pasar el rato le resultaban humillantes. Miradas de compasión, de pena, de reprobación…

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